Oiga, doña, el otro día mi papá me contó, que el papá de Alejandra Guzmán era famoso allá por los ochentas, o no sé, en los setentas... o, no sé, hace un chingo de años. Según esto, el guey la movía... se me hace que mi apá me está choreando... ¿verdad?
 

Fito, el vato chido loco. Secundaria 23, Tlaxcala

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Tu papá no te miente, Fito querido. De hecho, Enrique Guzmán era una gran estrella en México y el extranjero, en los años 60 y 70.

¿Cómo te explico, m'hijito?

Imagínate que Luis Miguel (y lo digo esperando que las tachas con las que aderezas tu coca cola en el recreo, no te hayan comido el cerebro lo suficiente como para no ubicar a Luis Miguel, precioso); bueno, pues imagínate que Luis Miguel pesara 10 kilos, no hubiera sido tocado por un rayo de sol o pisado un gimnasio en su vida; y que en vez de tratar de entrar al record Guiness refriteando todos los boleros en la historia de la canción mexicana, tuviera canciones que le llegaran a la juventud... Bueno, pues algo así era Enrique Guzmán.

Desafortunadamente, tras casarse con la viejita que has visto lucrando con casos de mujeres violadas en Televisa; la popularidad de Enrique disminuía en proporción directa al desarrollo de su papada, en salones de cadenas hoteleras, donde ocasionalmente canta y hace chistes en un idioma sólo comprensible para individuos mayores de 60 años.

Claro, esto fue muchos, muchos años antes de que su hijita Alejandra contrajera nupcias con traficantes de psicotrópicos, o enseñara las nalgas en televisión regiomontana... así que no espero que te acuerdes, mi rey.

Oye, vida, ¿no tendrás un rico dulcito por ahí? 

¡Cómo que hace hambre!, ¿verdad?


Sigue la onda...